TrendSpain: Un recorrido por las tendencias (eBook. v2)
Actualizamos el eBook de TrendSpain con los contenidos de la edición de este año.
Versiones: ePub, Google Play, iTunes y Kobo.
Ciudadanía proactiva, con Mara Balestrini y César García Sáez
Gracias al creciente acceso a las TIC, a los laboratorios de fabricación tipo Fab Labs o maker spaces y a las plataformas de financiamiento distribuido (crowdfunding), los ciudadanos y organizaciones tienen ya la oportunidad de diseñar y poner en práctica alternativas a los modelos tradicionales. En este escenario, surgen nuevas propuestas en el diseño, la producción y la comercialización de productos y servicios. En esta mesa, visualizaremos nuevas iniciativas y modelos de negocio en el marco de la Sociedad Digital y veremos cómo la producción distribuida incide en el modelo de diseño, fabricación y distribución que teníamos hasta la actualidad.
Global Village Construction Set in 2 Minutes from Open Source Ecology on Vimeo.
Open Source Ecology es un proyecto conceptualmente muy atractivo:
com crear un pueblo autosuficiente con las características que tenemos hoy.
Mara Balestrini
Para Mara, su trabajo es aplicar el método científico para entender qué
sucede en las herramientas de participación. Hay que entender para poder
diseñar mejor estas tecnologías, ya que todo el mundo está de acuerdo en que
hay que participar, pero hay que analizar qué herramientas funcionan
mejor.
Por ejemplo, ¿por qué pensamos que participación ciudadana equivale a
consulta? Hay un framework clásico de
los años 70, denominado la «escalera de la participación». El peldaño más bajo
es la consulta, el más alto es el empoderamiento.
Y los estudios lo demuestran. En las apps de consulta, la participación no
es muy alta. Además, si yo doy las opciones
de respuesta, ya estoy decidiendo.
Necesitamos ascender en los escalones. Debemos movernos hacia una
democracia proactiva más alta, no de consulta. Hay nuevos paradigmas que nos permiten
pensar en nuevas maneras de democracia.
Existen dos ideas de plataformas participativas que sí pueden tener más
participación ciudadana y que nos empoderan. La primera es la economía de la colaboración.
Una forma de democracia productiva, que los usuarios pongan en activo lo que tienen
o lo que saben. El ciudadano no es consumidor sino productor. Cada vez vamos a ver
más esta tendencia, y más en tiempos de crisis. Airbnb podría ser un buen
ejemplo.
Otra pata del ciudadano productivo es el ciudadano maker, a través de fablabs.
La gente puede crearse sus propias ideas. No sólo crear productos nuevos que no
existían sino crear productos que resuelven problemas locales o personales.
César García Sáez
César avanza que hablará de
ecosistemas de participación ciudadana. El punto de partida lo coloca hace 3 ó
4 años, cuando, en el FabLab de Barcelona se lanzaba un ambicioso reto: pensar,
a 10 años vista, cómo serían las ciudades una vez que los sensores estuvieran
en todas partes. Este proyecto llamado Citizens proyectaba una ciudad que
estuviese dirigida por los datos y en la que los ciudadanos no se dedicaran
únicamente a votar, sino que también se involucraran en la recopilación de esos
datos, en su análisis y en las propuestas de soluciones. En definitiva, se
buscaba que la gente se implicara en algo más allá de la idea de «ciudadano
sensor».
Por ese entonces, observaron que
una de las preocupaciones más recurrentes era la calidad del aire. Por este
motivo, DCDCity, en
Medialab-Prado, inició un proceso para crear sensores abiertos para medir la
calidad del aire con otras personas. En paralelo, comenzaba a desarrollarse un
proyecto llamado Air Quality Egg, con
grupos de trabajo en Nueva York, Londres, Ámsterdam y Madrid, que también se
ocupaba de la calidad del aire. Casi dos años después, entre actividades
prácticas y teóricas, se formó una comunidad capaz de generar un conocimiento
común. Se hicieron casi 750 unidades de Air Quality Egg.
A pesar de que se trataba de una buena
idea, el proyecto no acabó del todo bien, en el sentido técnico. Por un lado,
se descubrió que existían algunas limitaciones para calcular los datos ―«no
había sensores baratos y buenos»― y, por otro, la plataforma en la que
almacenaban la información cambió su modelo de negocio de un día para otro. La
conclusión: faltan infraestructuras adecuadas, espacios equipados que permitan
saltar el abismo que existe entre los early
adopters y la early majority
―según el modelo
de difusión de la innovación de Everett Rogers―.
En ese momento, fue cuando
decidieron lanzar Makespace, un
espacio que sirve de infraestructura compartida, con equipamiento que
difícilmente uno puede tener en su casa, en el que confluye gente con intereses
similares y donde se pueden lanzar proyectos. Con Makespace han aprendido que
de nada sirve que exista sólo un espacio con estas características (o
similares), sino que lo interesante es que haya muchos sitios así y que se
relacionen entre ellos.
César se pregunta: ¿hacia quién
está orientada toda la información sobre Smart Cities? Su respuesta no resulta
demasiado alentadora: para el alcalde (el Capitán Kirk según su curiosa y
divertida analogía con la serie Star Trek). El tecnólogo, por su parte, es
quien dice si vamos o no por buen camino (éste, siguiendo con la metáfora,
sería el señor Spock). Los ciudadanos, ahora mismo, no cumplimos un rol
definido y somos difícilmente capaces de conseguir algo al margen del Estado
(representados por los señores de rojo, aquellos que mueren en todos los
capítulos…).
Sobre la figura del «ciudadano
sensor», el ponente alertó sobre una desvinculación del problema y su solución:
«el ciudadano no pude hacer nada más que hacer una foto y darle a un botón». En
esta realidad, el ciudadano no es más que un trabajador no remunerado,
desligado de la resolución de los problemas que él mismo advierte y, por otro
lado, las soluciones quedan supeditadas a la existencia de presupuesto.
Más que lo que se conoce como
«ciudadanos inteligentes» (que, a fin de cuentas, no son otra cosa que
ciudadanos con aplicaciones móviles), necesitamos «ciudadanos implicados»:
gente que participe activamente en los temas que le preocupan, que tenga
disposición para dedicarle un tiempo, que interactúe con otros para aprender a
desarrollar nuevas soluciones, que entienda que su rol como ciudadano va más
allá de las votaciones esporádicas y, principalmente, que comprenda que existen
escenarios en los que todos, todos, podemos ganar.
Ciudadanía crítica, con Juan Morán y David Martínez
En la era de la
Sociedad Red, la información es un claro foco de interés. En esta mesa
intentaremos contrastar dos visiones. Por un lado, la del ciudadano activista
que tiene en las TIC un instrumento de comunicación y exigencia y, por otro, la
de las organizaciones que crean contenidos con el soporte (o relatando la
experiencia) de sus propios seguidores para empoderarse y actuar ante amenazas
contra su reputación / marca.
Critizen una herramienta para hacer escuchar la voz del ciudadano. Es decir la opinión (también crítica) ya no puede ser silencia y obviada para la organización.
Cuando hay mucha gente y quieres saber qué opinan, no existe la tecnología para distinguir al que más grita de lo que gritan los demás. No hay mecanismos para entender a un grupo. Hay mucha gente que quiere oír a los grupos y grupos que quieren hacerse oír, sin embargo, no esto no era posible.
Las redes sociales permiten comunicarse con tu tribu, pero con más de
100-200 personas es complicadísimo. Para comunicarse con los grupos, los
grandes medios siguen el formato broadcasting:
uno comunica, otros escuchan. Pero no se puede responder a miles o millones de
mensajes, ni entenderlos. La comunicación de pocos a pocos se puede realizar. De
uno a muchos, no.
Para tener una conversación con un grupo, Appgree permite hablar a un grupo como si
fuera uno solo, dotándole de identidad. Appgree es una aplicación para ponerse
de acuerdo. De hecho, su nombre proviene de «agree», y depende de un algoritmo,
como lo hace Google. Esta app usa el algoritmo demorank. Los algoritmos, como el pagerank de Google, pueden llegar a cambiar el mundo. El objetivo es que grupos compuestos por
decenas o millones de personas puedan comunicarse con la claridad, facilidad y
coherencia con que lo haría una sola persona.
¿Pero cómo funciona? Imaginemos a un grupo con un interés común, por
ejemplo, fans de una revista a los que se les pregunta qué foto de portada quieren.
El demorank sigue la prueba
científica que de cualquier muestra al azar puede extrapolarse una opinión. En
milisegundos, con un millón fotos crearía 10.000 muestras de 100 personas. Cada
persona decide si le gusta o no una foto. Así podemos ver la opinión de la masa
sobre cada foto. Entonces se escogen 100 fotos y se vuelve a votar. Los
resultados son muy exactos, y las propuestas se ordenan por nivel de consenso del
grupo. Cuanto más grande es el grupo, hay mayor consenso. La razón es porque la
calidad de los contenidos sube, y se escogen mejor.
Juan Morán exponía en un gráfico la evolución de Internet. Con el e-mail,
se iniciaba todo; con las webs se proliferaba en información; con el pagerank teníamos disponibilidad de esa
información; con las redes sociales teníamos relaciones a nivel tribal. Demorank es una nueva evolución, podemos
relacionarnos con las masas, ya que permite que estas puedan comunicarse.
David Martínez
Antes las empresas contaban las noticias a los medios. Ahora los clientes opinan a todas horas. Por tanto, hay la necesidad de monitorizar. Cualquier cliente puede crear una crisis de comunicación. Las compañías se enfrentan a una situación complicada. Estamos en un tiempo donde lo viejo no acaba de salir, y lo nuevo de surgir. Es importante la desintermediación.
Por ejemplo, hace un año, Orange lanzó la Comunidad
Orange ―que tiene ahora 500.000 usuarios mensuales― en forma de foro. Los usuarios,
así, se podían comunicar con Orange y comunicarse entre ellos, para contribuir
a la mejora de sus productos.
La mayoría vía móvil. Los problemas se posicionan en Google, y aparecen
cuando un cliente busca un problema en el buscador, allí encuentran la
solución.
En la Comunidad hay promociones, presentaciones ... y Orange no controla el uso que hagan los usuarios. Esta desintermediación supone fidelización con el cliente y ahorro de costes, en atención al público, para la empresa. A cambio, al usuario se le otorgan premios y reconocimiento en la Comunidad. También hay probadores que prueban dispositivos y lo cuentan al resto. Y también solucionadores, que ayudan a los usuarios que tienen dudas, problemas, etc., a cambio de premios.
David referencia otro ejemplo de desintermediación, en este caso negativo
para una empresa, como es el caso de Telefónica y la huelga de trabajadores. Los
medios de comunicación no hicieron caso, ni tampoco contaban con la ayuda de los
sindicatos. En cambio, esos 15.000 trabajadores hicieron difusión por medio de
redes sociales, a base de trending topics. Eran los pequeños sindicatos los que
lideraban la propuesta, mientras que los grandes intentaban negociar.
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